
Capacidad de enfocarse en un estímulo o tarea, filtrando distracciones.
Mantener el foco por un tiempo sostenido para terminar una actividad.
Habilidad para almacenar, recordar y recuperar información (reciente y pasada).
Reconocer correctamente el tiempo, el lugar y el contexto (saber “dónde estoy” y “qué está pasando”).
Interpretar estímulos del entorno (vista, oído, tacto) para comprender lo que ocurre.
Comunicarse con claridad y fortalecer habilidades sociales para relacionarse mejor.
Control y precisión de movimientos (equilibrio, coordinación ojo–mano, motricidad fina).
Confianza personal y capacidad para tomar decisiones y realizar actividades por cuenta propia.

Capacidad de enfocarse en un estímulo o tarea, filtrando distracciones.
Inquietud constante, pensamientos repetitivos y sensación de alerta que afecta el día a día.
Sensación de desconexión, poca interacción social o falta de red de apoyo.
Reacciones emocionales intensas tras experiencias difíciles (recuerdos intrusivos, evitación, hipervigilancia).
Cansancio físico y mental por sobrecarga, con desmotivación y fatiga persistente.
Dificultad para regular impulsos, irritabilidad frecuente o reacciones intensas.
Capacidad de afrontar cambios, recuperarse ante dificultades y mantener estabilidad emocional.
Dificultad para conciliar, mantener el sueño o descansar de forma reparadora.
Tensión asociada al trabajo (presión, responsabilidades, ambiente o ritmo laboral).
Equilibrio físico, mental y emocional que mejora la calidad de vida.








